De Juana Chaos, la protección de un

asesino

Se ha abierto un debate soterrado, anónimo, acerca de la seguridad y los peligros que pesan en la calle sobre el etarra excarcelado José Ignacio de Juana Chaos. Expertos policiales elucubran sobre las principales amenazas, mientras la Ertzaintza estudia el caso con absoluto mutismo.

Reportaje por: Fernando ROJO
Fotografías por:

11/08/08
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Es el asesino de Ynestrillas. En eso pensamos todos, pero en este país nunca ha habido venganza de las víctimas”, responde el policía a la pregunta sobre la suerte que puede correr en la calle el etarra José Ignacio de Juana Chaos. Otro agente con muchos años de carrera –tantos que estuvo presente en la detención del propio De Juana en enero de 1987 en la calle Río Ulla de Madrid– contesta: “Me temo lo peor. A ese tío le puede pasar cualquier cosa, incluida esa que estás pensando. Y cabría pensar hasta en la propia ETA. De Juana ha sido un problema para la banda desde que entró en prisión. Por su egolatría ha aumentado la presión del Estado hacia los presos. Siempre ha ido por libre. Se ha hecho un personaje en la cárcel, pero ha despreciado a la cúpula. Encima, si le ocurre lo que esperemos que nunca ocurra, ETA lo podría explotar ante su propia gente”.

Argumentos casi calcados utiliza en sus vaticinios un reconocido especialista en el ámbito penitenciario. Son opiniones que no comparten agentes con responsabilidad actual en la lucha contra ETA: “Lo apartarán de la primera línea, aunque seguramente él busque protagonismo a través de artículos de opinión o algo así. Pasado un tiempo nadie se acordará de De Juana y todo volverá a la normalidad. Lo de siempre”. Estos comentarios son recurrentes estos días centrados casi obsesivamente en la figura del terrorista donostiarra. Una decena de huelgas de hambre durante los 21 años que ha pasado en prisión y sus reiterados desplantes y provocaciones han convertido a De Juana en uno de los presos etarras mas mediáticos. El magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín advertía la pasada semana en un curso de verano: “Hay una presión mediática excesiva que en un momento determinado puede llegar a ser peligrosa”.

Ciertamente, no hicieron tanto ruido público otras excarcelaciones de etarras del mismo comando Madrid que cayó con De Juana. Su compañera Teresa Rojo salió de la cárcel en 1999 tras cumplir 16 años de condena. A Cristina Arrizabalaga le dieron la libertad condicional por enfermedad en 1997, y sigue en la calle. Al sanguinario Esteban Esteban Nieto en 1999 la Audiencia Nacional le suspendió de condena por una enfermedad que le mató meses después de salir. Los otros dos integrantes del comando, Inmaculada Noble (ex novia de De Juana Chaos) y Antonio Troitiño, no saldrán antes de 2019 y 2018, respectivamente, y cumplen sus condenas sin el protagonismo que se dio a sí mismo De Juana entre rejas. Con De Juana ya en libertad comienza a tomar cuerpo un singular debate, soterrado y anónimo, sobre la seguridad que debe rodear o no a un asesino que se ha cobrado la vida de 25 personas y que no muestra a día de hoy ni un ápice de arrepentimiento.

Una semana después de abandonar la cárcel De Juana Chaos sigue sin aparecer por la que ha reconocido ante la Administración como su residencia habitual: el piso del número 1 de la calle Carlos I, en San Sebastián. En esa ciudad hay quien asegura, en medio del apagón informativo que impone ETA, que el ex preso no se instala en su nueva casa –propiedad oficialmente de su mujer, Irati Aranzábal– por miedo al acoso informativo. Otras fuentes imputan este retraso a cuestiones domésticas, problemas con la luz o con la fontanería, y aún otros medios insinúan que De Juana teme seriamente por su seguridad. De hecho, lo primero que se puede ver en la puerta de su nueva casa es una singular bienvenida rojinegra al barrio donostiarra de Amara: “Falange. No olvidamos. No perdonamos”.

Ni el Gobierno Vasco ni el Ministerio del Interior quieren transmitir el más mínimo indicio que lleve a pensar que la seguridad del terrorista está entre sus preocupaciones. Sí ha trascendido que la Ertzaintza elabora planes para dar seguridad al etarra una vez instalado en su casa de San Sebastián. “Sobre De Juana no tenemos nada que decir”, responde lacónicamente un portavoz de la policía vasca al ser preguntado sobre cómo estudian vigilar el domicilio del terrorista. El departamento del consejero Balza ha dado órdenes a su gente de no declarar nada sobre el asunto. Agentes de la policía autonómica han comentado sin embargo en los últimos días a colegas suyos en otros cuerpos de seguridad que “se están buscando voluntarios para la seguridad de De Juana”. Nadie confirma oficialmente este rumor, pero el parlamentario vasco del PP Carlos Urquijo ha pedido al Gobierno Ibarretxe que aclare en el Parlamento vasco si es cierto que la Ertzaintza dará seguridad al ex preso. “Con esa pregunta lo único que buscamos es confirmar o desmentir que De Juana vaya a recibir algún tipo de protección del Gobierno vasco. Si Balza no tiene esa intención, lo que procedía es que lo desmintiera de inmediato. Que no haya sacado un desmentido hace sospechar”, explica el dirigente popular.

Una UBA para un etarra
La preocupación inconfesable sobre la seguridad del sanguinario terrorista vivió sus momentos más duros y difíciles el pasado viernes 1 de agosto en Valdemoro (Madrid), donde tiene su base el Grupo 1 de los Grupos Rurales de Seguridad (GRS) de la Guardia Civil. Los mandos activaron una Unidad Básica de Actuación (UBA) de ese grupo con un encargo difícil de digerir para sus integrantes: “Mañana sábado hay que dar seguridad a José Ignacio de Juana en su salida de la cárcel de Aranjuez”. Los agentes, dispuestos a cumplir la orden por su condición militar, se revolvieron en los asientos. Incluso algunos llegaron a hacer algo inaudito: llamar a los medios de comunicación prestando incluso su voz para denunciar la orden recibida. El instituto armado, con 17 de sus integrantes asesinados por De Juana, analizaba las posibles amenazas que pesaban sobre el terrorista una vez pusiera los pies en la calle. La primera de ellas, sin duda, la advertencia que le lanzó el líder ultraderechista Ricardo Sáenz de Ynestrillas, hijo del comandante Ynestrillas, asesinado por el comando Madrid en 1986: “¡José Ignacio –gritó desencajado al otro lado de la pecera de la Audiencia Nacional antes de ser expulsado de la sala–, mírame a los ojos. Será lo último que veas!”.

Muchos creían que tras aquella amenaza Ynestrillas iría a esperarle. Y no sólo los analistas de la Guardia Civil. Las visitas al blog de Ricardo Sáenz de Ynestrillas han aumentado desde que se acercara la fecha de la liberación de De Juana. El propio autor del blog dice en internet haberlo notado: “Sé que estáis ahí, observándolo todo, vigilándolo todo, agazapados… esperando el momento de un descuido o un desliz que os permita saltarme sobre el lomo”, decía el 15 de julio, para añadir más adelante: “He notado el aumento de entradas a esta página mía (…) desde la noticia esperada ya, aunque sangrante como una úlcera de estómago, de la excarcelación de la rata bastarda”, y, en seguida, relata haber recibido apoyos “de conocidos y desconocidos ¡deseándome suerte!, como si el destino de este cobarde asesino de españoles inocentes y desarmados, a traición, por la espalda, fuera responsabilidad mía”. Ynestrillas hace un quiebro: “¡No me hagáis más ofertas! ¡Que cada palo aguante su vela!... Yo sé lo que digo, lo que siento y lo que hago. Y también lo que he de hacer”.

La Guardia Civil respiró tranquila al saber la madrugada del 1 de agosto que las previsiones de seguridad se reducían drásticamente. Ni Ynestrillas ni su gente aparecieron por las inmediaciones de la cárcel. Poco después de las 5 de la mañana un teniente avisó a la base de que no había moros en la costa. Tan sólo un pelotón de 20 agentes de los GRS garantizaron la seguridad de la zona. Aun así, varios agentes hicieron vigilancia estática en el primer tramo del recorrido del todoterreno que por la A1 trasladó al País Vasco al terrorista. La Unión de Guardias Civiles emitió un comunicado al día siguiente en el que denunciaba “la excesiva protección” dada al ex preso: “Es la protección de un ciudadano que tras cumplir condena de ningún modo debe tener mayor privilegio que el resto de españoles”. De Juana Chaos sabe que no sólo es rechazado por los que él considera sus enemigos.

El etarra cuenta con escasa parroquia entre los suyos. Sus permanentes provocaciones a título personal han sido vistas con indiferencia o distancia, cuando no rechazo. El propio Arnaldo Otegi discutió con él agriamente en el hospital Donostia minutos antes de ser trasladado a la cárcel de Aranjuez tras la ruptura del alto el fuego por parte de ETA. “Este etarra es una caja de bombas para todos, también para los suyos”, dice un policía de los operativos antiterroristas en el País Vasco. Si algo ha aprendido el criminal con el tiempo ha sido a moverse en ambientes hostiles. De ertzaina pasó a etarra, y como tal se distinguió por su celo en controlar lo que se movía a su alrededor. Fue él quien denunció ante la dirección de ETA que su compañera en el comando Madrid Idoia López Riaño, Tigresa, era indisciplinada. Tras un descanso del comando en Francia a finales de 1986, Tigresa no regresó ya a la capital de España. También fue De Juana quien semanas antes de su detención detectó que la policía le seguía. Experto en su propia contravigilancia, el mejor guardián de De Juana es el propio terrorista.