14/12/2008
LA ESCALERA DE CARACOL
Ecología
- MARÍA TITOS
Del ecologismo se ocupan los ecologistas, ¿pero quién se ocupa de la ecología? Los ecólogos, no; se dedican a estudiarla. Los ecologistas, tampoco; se dedican a denunciar agresiones ambientales. De la ecología, mal o bien, se ocupan los gestores de la cosa pública. O sea los políticos. Partamos de esta realidad.
Pero la formación ecológica de los políticos suele ser escasa. También lo es su formación económica, pero lo saben y recurren a los economistas. Pero no recurren a los ecólogos. Tampoco hay muchos dispuestos a asistir a políticos. Los economistas consagrados al sector público son legión; los ecólogos, una rareza. ¿Qué política ambiental puede hacerse en semejantes condiciones? Pues algo comparable a una política sanitaria sin epidemiólogos.
No hablo de técnicos ambientales, que los hay. Hablo de pensadores ambientales, de estrategas del ambiente que puedan aconsejar, por ejemplo, sobre la gestión del agua en un contexto de escasez. Sabemos hacer conducciones. Sabemos estudiar la fauna fluvial. Sabemos calcular tarifas. Sabemos analizar el agua. ¿Pero sabemos navegar con lógica ecológica en este mar de destrezas contrapuestas?
La ecología es una disciplina sistémica. Hay una ecología de las disciplinas, también. Quién es quién y quién hace qué en el sistema socioeconómico es como decir qué organismo asume qué funciones en el ecosistema. El sistema económico es un ecosistema. Pero la ecología del ecosistema socioeconómico está en mantillas. Yo la llamo socioecología y trato de dedicarme a ella, convencido de que es la forma de hacer gestionable la ecología. De ser así, de la ecología se ocuparían, como es debido, políticos asistidos por socioecólogos. Ahora sí.
Socioecología
Un socioecólogo, ¿qué es? Llevo décadas preguntándomelo. No sé qué será, solo sé lo que hago. Por ejemplo: analizar con sentido ecológico los procesos productivos, porque forman parte del ecosistema. Y, en consecuencia, hallar la manera de inscribirlos en él sin causar perturbaciones. ¿Perturbaciones a quién? ¿Y qué es una perturbación, además? Enojosas preguntas, sí. Las respuestas prefabricadas y dogmáticas tranquilizan, pero no resuelven nada.
Supongamos que perturba quien compromete la sostenibilidad del sistema. Y, o bien, quien perjudica bastante y a muchos. ¿Cuánto y a cuántos? Esa es la clase de cuestiones molestas que hay que contestar. La socioecología sería una modesta manera de elaborar y compilar respuestas provisionales a tales preguntas. El resultado sería un corpus de prácticas adecuadas que hacen posible la conversión del pensamiento en realidad. O sea, una destreza que permite ocuparse de la ecología, además de estudiarla. Et pour cause, que permite ocuparse de la economía sin destrozos ambientales antieconómicos.
La práctica política precisa, con la crisis más que nunca, de la destreza socioecológica. Cuando las consideraciones ambientales eran un parámetro irrelevante de la matriz socioeconómica --de igual modo que eran menores las afectaciones sobre el ambiente de la actividad productiva--, la política podía prescindir de la ecología. Ahora son significativas: agua, energía, salud... Con el ecologismo no basta: organiza la denuncia, pero no corrige la disfunción. Y con el estudio autoecológico tampoco. Más socioecología, por favor.

¿Dijo Platón que los gobernantes debían ser filósofos? Se equivocaba: los gobernantes deben ser ecológicos.
Saludos,
Jo
buen domingo
es bastante deprimente "asimilar" ke los polítikos están generalmente a la altura del pueblo al ke representan...
hay ke admitir ke nuestra "demokracia" es joven todavía...y eso se paga...
no se puede olvidar ke la experiencia,la veteranía,la antigüedad..es un grado....Jo,
buena semana..